dijous, 11 de febrer de 2010

mis palabras y, quizá, también las tuyas...



Es curiosa la manera en que unas palabras sirven para desear otras. 'Yo' desea muchas veces a 'tu', por ejemplo. Otras, como éstas, son escritas por placer o por deseo, quizá también de placer si nos ponemos una capa con subyectum hedonista. Hegel decía que hay una cosa que el deseo desea por encima de cualquier otra. El deseo se quiere a sí mismo, al igual que la voluntad de poder se ha de querer a sí misma por encima de cualquier otra cosa, por establecer un paralelismo. Podría parecer curioso pero no lo es. Tampoco es curioso que mi deseo seas tu, o más bien que yo desee tu deseo, si no es lo mismo. Quizá sí sea curioso que mi deseo sea ya placentero mientras es eso, deseo, pero ¿cómo no gozar de tu imagen diseñada por mí mismo? Se me ocurre ahora que posiblemente, al igual que cuando nos imaginamos algo malo o terrorífico lo hacemos de la manera que más nos estremezca, también te recuerde yo a ti falseándote a mi gusto. Me gusta que lo haga porque después, cuando realmente te veo, me llevo la grata sorpresa de que te estaba pervirtiendo en mi recuerdo.

Nunca escapo del todo a las palabras. Nunca me someto totalmente a ellas tampoco. ¡Aunque no puedo evitar que al decir esto nuevamente son ellas las que hablan y no yo! Definitivamente no hay otra manera que concatenar palabras para desear. Son ellas las que desean y no yo. No las pienso a ellas. Ellas me piensan a mí. Ellas son metáforas unas de otras.

Lo único que me queda quizás es lo que puedo hacer ordenándolas de diferente manera para ver qué puedo provocar en ti, algo que no se pueda expresar. Pero voy a dejar que sean ellas quiénes hablen porque el ellas han sido las que han provocado esta maraña.

Ojalá me queden aún por oír muchas palabras. Ojalá me pueda permitir por mucho tiempo estas licencias que practico, pervirtiendo toda lógica, escapándome a toda regla, intentando reflejar aquí lo que siento. Ojalá las palabras escondan muchos conceptos, y otros los cree yo. Muchos los he descubierto en ti y todavía, por suerte, no he sabido encontrar la palabra con la que reflejarlos. Mi imaginación escapa a mis palabras muchas veces, tan pronto como mis palabras se refieren a ti o se disfrazan de metáfora. He aprehendido nuevos conceptos durante el tiempo que las palabras servían para llegar hasta ti. Espero que las palabras me aseguren llegar a buen puerto, y que todas las que he articulado, de la manera que sea, me lleven hasta ti. Que las palabras sigan provocando en mí muchos de esos pocos instantes en los cuales se me hace la boca agua intentando pronunciar tu nombre o me ocurre algo que no se puede nombrar al oír el mío desde ti.

Ojalá encuentre ese ordenamiento misterioso de palabras que permita hacerte comprensible lo que yo no entiendo. Ojalá queden palabras para que sobren palabras.